05 · Memoria
La memoria estaba en casa
Sin dos mujeres de su familia, de Cecilio Vega Domínguez sabríamos poco más que un nombre y dos fechas.
Los nueve hermanos Vega Domínguez, por orden, tal como los enumeró Manuela en su declaración: Jacinta, Elisa, Cecilio, Manuela (n. 4 de julio de 1916), Virginia, Fermín, Ángel (fallecido de niño), María Purificación (murió con una semana de vida) y un segundo Ángel, que recibió el nombre del hermano muerto. En 1999 solo vivían Manuela y este último Ángel.
Manuela tenía más de ochenta años y no podía viajar a Madrid para declarar ante el tribunal diocesano. Así que el 12 de agosto de 1999, en Villamor de Órbigo, firmó una declaración jurada ante el párroco, avalada por el obispado de Astorga. Es el documento del que procede casi todo lo que este sitio cuenta de su infancia, de su vocación, del ojo y de la carta.
Su sobrina Virginia Domínguez declaró también en el proceso. La biografía documental de la Congregación cita su declaración justamente para respaldar el pasaje más conocido de toda la biografía de Cecilio: el contenido de la carta a su padre.
Cómo llegó la noticia a Villamor
No llegó carta oficial. La noticia la llevó a la casa el señor Modesto, padre de Juan Antonio Pérez —el sacerdote fusilado con él—, que era de Santa Marina. Manuela recordaba que la guerra aún no había terminado.
Ella lo deja dicho con toda claridad, y el detalle importa: la Congregación no pudo avisar a la familia, y el aviso viajó de padre de mártir a padre de mártir.
«La noticia de la muerte de Cecilio nos llegó por medio del señor Modesto, el padre de Juan Antonio Pérez, de Santa Marina. Él vino a traernos la noticia, porque a nosotros no nos mandaron carta ninguna. Nos dijo que le habían dicho que nos lo comunicara a nosotros.»
Después llegó la carta de Cecilio.
«Cuando llegó la noticia, no había consuelo para mi padre ni para mi madre. Lo pasamos muy mal. Mi madre decía que si no pasaba aquello, que ella enfermaba.»
La gente del pueblo dio el pésame «diciendo que son cosas de Dios, que tuvieran paciencia». En Villamor había otro mártir: el padre Anselmo, pasionista, también del pueblo, también asesinado. Se les recordaba juntos. Su hermana Elisa y su madre decían que murieron mártires, «que fueron sacrificados como Jesucristo».
Décadas más tarde, cuando el párroco anunció que se iniciaba la causa, «todo el mundo nos daba la enhorabuena». Manuela cerró su declaración así: «Y creo que todos quieren que lo beatifiquen. Y lo quiere todo el pueblo.»
También dejó constancia de cómo le rezaba, y merece citarse entera porque es la teología de una mujer de pueblo y es exacta:
«Yo creo que está en el cielo, y cuando rezo, le rezo para que me guíe por el buen camino. Y le rezo como se reza a San Antonio o a San Roque, porque para mí es un santo como ellos.»
Intercesor ante Dios
Bajo ese epígrafe, Intercesor ante Dios, la declaración de Manuela guarda lo más íntimo de todo: lo que la familia le pidió a Cecilio después de muerto. La ficha biográfica de los Oblatos recoge la versión completa de ese pasaje, y en él aparece su hermana mayor Elisa:
«Yo creo que (mi hermano) está en el Cielo y que por su intercesión se me conceden algunas cosas. Le rezo como se reza a San Antonio o a San Roque porque, para mí, es un Santo como ellos. Mi difunta hermana Elisa me dijo que le había pedido una cosa y que se la había concedido. Decía que era un verdadero milagro; pero nunca me dijo lo que le había pedido. También decía que en sus necesidades había acudido a él y que muchas veces le había ayudado.»
Un favor concedido dentro de una casa de labradores de la ribera del Órbigo, del que solo sabemos que quien lo recibió lo llamó milagro y se lo guardó. Su madre también le rezaba: «le pedía que nos concediera la gracia a todos».
Por qué pedía que lo beatificaran
Al final de su declaración, Manuela ordena sus razones en tres puntos, y los tres son los tres momentos en que su hermano tuvo que elegir:
- Que quiso ir a los frailes cuando sus padres, de momento, le dijeron que no fuera.
- Que perdió el ojo y vino llorando, «porque él quería ser religioso».
- Que contestó a la carta de su padre —la que le pedía volver a casa porque iba a estallar la guerra y lo primero que hacían era quemar conventos— «diciendo que estaba dispuesto a morir».
Y añade el dato de la devoción doméstica: «También creo que en la familia le rezamos todos y todos creemos que es mártir.»
Declaración jurada de Manuela Vega Domínguez, 12 de agosto de 1999, y ficha biográfica de los Misioneros Oblatos.
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Dónde se le recuerda
En la iglesia parroquial de San Julián de Villamor de Órbigo hay una talla del mártir, muy bien lograda y destacadamente colocada en la nave central del templo, al lado del presbiterio. La iglesia se levantó sobre una antigua ermita, de la que solo se conserva el ábside de tapial, hoy convertido en altar mayor; la piedra se trajo de Brimeda y se construyó en 1777-1778.
El blog de la causa lo resume así: en su pueblo natal permanece su «memoria viva», y su devoción crece gracias a la talla que le hicieron, bendecida solemnemente por don Camilo, obispo de Astorga, y que ahora se puede venerar en la iglesia parroquial.
Su fiesta litúrgica es el 24 de julio, aniversario del martirio. Como grupo, los veintitrés beatos se celebran también el 28 de noviembre, fecha de los mártires de Paracuellos.
Los Oblatos conservan la casa martirial de Pozuelo de Alarcón, donde vivió y fue detenido. Su nombre figura además en la lista de mártires que mantiene la parroquia de San José María Escrivá, relativa a los mártires de Aravaca.
La ficha de los Oblatos indica que existe certificado de su defunción.
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El día que el pueblo recibió su talla
29 de julio de 2012, once y media de la mañana, Villamor de Órbigo.
Siete meses después de la beatificación, don Camilo Lorenzo Iglesias, obispo de Astorga, se presentó en Villamor de Órbigo para bendecir la talla del nuevo beato Cecilio Vega Domínguez en la iglesia de su bautismo.
Antes de comenzar la Santa Misa, una joven familiar del mártir ilustró «larga y magistralmente» la semblanza y el martirio del nuevo beato, y el obispo la reiteró después en su homilía. Concelebraron el párroco don Ricardo y el Postulador de la Causa de Beatificación.
El Postulador dejó escrita la razón por la que se sentía ligado a aquel pueblo: el padre Ángel Vega García, OMI, natural de Villamor, había sido primero su formador en el juniorado y después compañero de comunidad en Pozuelo. Es el mismo oblato de Villamor que figura entre las referencias de la vocación de Cecilio.
De la jornada destacó dos cosas: «el entusiasmo de los numerosos sobrinos» y «el fervor religioso de la numerosa asamblea». Después de la celebración hubo un bufet en la calle. Ese mismo día la celebración se repitió en Santa Marina del Rey.
Crónica del Postulador de la Causa de Beatificación, publicada en el blog Nosotros OMI («Mártir Oblato de Villamor»), agosto de 2012.
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Galería
Imágenes procedentes del archivo de los Misioneros Oblatos, difundidas a través del blog de la causa. Pulse cualquier imagen para ampliarla.