02 · El martirio

La carta que llegó tarde

Es el centro de su historia. Y el documento ya no existe.

En el verano de 1936 se sabía en Villamor lo que estaba pasando: «se oía que estaban quemando conventos». Juan Vega escribió a su hijo pidiéndole que volviera a casa. Cecilio contestó que no.

Según Manuela, en aquella carta decía que en el convento no entraba nadie, porque estaba muy amurallado, y que podían estar tranquilos. Y decía también, con todas las letras, que estaba dispuesto a morir. De una frase concreta ella se responsabiliza expresamente: «Estas palabras sí que puedo asegurar que las decía en la carta aquella.»

«Si es que tengo que morir, igual da que vaya para casa que no vaya, porque me buscan por donde quiera que esté.»

Cecilio Vega Domínguez, julio de 1936

Su sobrina Virginia Domínguez declaró también en el proceso sobre esa misma carta. Su versión, citada en la biografía documental de la Congregación, dice que Cecilio escribió que «tenían el Seminario muy bien amurallado y que no le pasaría nada, y que si tenía que morir, moriría, pero que él a casa no volvía».

La carta llegó a Villamor cuando ya lo habían matado.

El documento original se destruyó en un incendio. Lo más citado del beato Cecilio se conserva porque dos mujeres de su familia —su hermana y su sobrina— lo recordaron y lo declararon bajo juramento.

Recreación digital del retrato, generada a partir de la única fotografía conocida. No es material de archivo: es una animación creada para este sitio.

03

24 de julio de 1936

El asalto al escolasticado de Pozuelo de Alarcón había ocurrido dos días antes, el 22 de julio a las tres de la tarde. Detuvieron a los treinta y ocho religiosos de la casa. La madrugada del 24, sobre las tres, los milicianos leyeron una lista de nombres.

La reconstrucción documental de la Congregación recoge el detalle de que los llamados fueron saliendo según se los nombraba: Juan Antonio Pérez, Pascual Aláez, Cecilio Vega, Manuel Gutiérrez, Justo González, Francisco Polvorinos, Juan Pedro Cotillo y Cándido Castán.

Dos días en su propia casa

Entre el asalto y la muerte hay cuarenta y ocho horas, y la ficha biográfica de los Oblatos las describe con tres sustantivos. Cecilio, igual que su compañero Manuel Gutiérrez, pasó «dos días de incertidumbre, ansiedad y vejaciones en su propio convento». El convento había quedado convertido en prisión aquel mismo día.

Y por eso la misma fuente elige, para contar lo que pasó aquella noche, un verbo entre comillas y una palabra que lo cambia todo:

«También él, al igual que Manuel Gutiérrez, tras dos días de incertidumbre, ansiedad y vejaciones en su propio convento, es “sacado” de su propio domicilio en la noche del 24 de julio de 1936 y fusilado de madrugada en la Casa de Campo.»

Ficha biográfica de los Misioneros Oblatos

No fue detenido en la calle ni trasladado desde una cárcel. Lo sacaron de su casa: el escolasticado era su domicilio.

Consumieron la Eucaristía

De aquellos dos días dentro del convento queda un testimonio recogido por Alberto Pacho, sobrino del beato Francisco Polvorinos, fusilado con Cecilio en la Casa de Campo. Lo sabía, dice, «por referencias de los supervivientes»:

«Tengo entendido que en el poco tiempo que estuvieron detenidos en el convento de Pozuelo, llevaban una vida intensamente espiritual. Recibió la Eucaristía, que, en su caso y el de sus compañeros, fue como el Viático, cuando decidieron consumir la Eucaristía para evitar profanaciones.»

Alberto Pacho, sobrino del beato Francisco Polvorinos Gómez

Consumir las formas del sagrario para que nadie las profanara fue la última decisión que aquella comunidad tomó en libertad. Y fue, para los ocho que salieron de madrugada, su comunión de viaje.

Testimonio de Alberto Pacho recogido en la semblanza del grupo del 24 de julio publicada en Hagiopedia.

Los dos coches salieron hacia la Casa de Campo, el gran parque situado entre Pozuelo y Madrid. Allí, de madrugada, fueron fusilados los siete oblatos y el laico Cándido Castán San José. Cecilio tenía veintidós años.

Cuatro de aquel grupo llevaban la gran cruz oblata por haber hecho los votos perpetuos. Cecilio era uno de los cuatro.

Dos fechas, dos lugares

Cecilio Vega Domínguez murió en la Casa de Campo de Madrid el 24 de julio de 1936, de madrugada, con siete más: seis oblatos y el laico Cándido Castán San José. Dos días después de la detención en Pozuelo. No murió en Paracuellos.

El resto de la comunidad fue llevado a la Dirección General de Seguridad y puesto en libertad; muchos volvieron a ser detenidos en octubre. Dos prisioneros fueron fusilados el 7 de noviembre de 1936. Y trece oblatos de su misma comunidad fueron fusilados en Paracuellos del Jarama el 28 de noviembre de 1936, cuatro meses más tarde que Cecilio; entre ellos el provincial Francisco Esteban Lacal, que da nombre al grupo.

Por eso el grupo de los veintitrés beatos tiene dos fiestas: el 24 de julio y el 28 de noviembre.

Los lugares

  1. 1913 Villamor de Órbigo León · Nace y crece
  2. años 20 Urnieta Guipúzcoa · Seminario menor
  3. 1930 Las Arenas Vizcaya · Noviciado
  4. 1931 Pozuelo de Alarcón Madrid · Escolasticado y detención
  5. 1936 Casa de Campo Madrid · Martirio
  6. 2011 La Almudena Madrid · Beatificación
Edificio de la casa martirial de los Misioneros Oblatos en Pozuelo de Alarcón, antiguo escolasticado donde la comunidad fue detenida en julio de 1936.
La casa de Pozuelo de Alarcón, escolasticado donde vivía y donde fue detenido.
Cementerio de los mártires de Paracuellos del Jarama, con lápidas y cruces alineadas.
Paracuellos del Jarama, donde el 28 de noviembre de 1936 murieron trece de sus hermanos de comunidad. Cecilio no estuvo aquí: había muerto cuatro meses antes en la Casa de Campo.

04

Por qué los mataron

La respuesta que da el proceso de beatificación es una fórmula latina: in odium fidei, por odio a la fe. No es un adorno piadoso; es la calificación jurídica que la Iglesia exige para reconocer un martirio, y supone acreditar que no murieron por otra causa.

Los Oblatos de Pozuelo eran capellanes de tres comunidades de religiosas y colaboraban en la catequesis de cuatro parroquias. Las fuentes de la causa insisten en que ningún religioso de la comunidad participó en actividad política, ni ocasionalmente. Ante las amenazas, la comunidad extremó la prudencia y se comprometió a no responder a ninguna provocación.

En su homilía de la beatificación, el cardenal Amato señaló qué irritaba concretamente: que los Oblatos «llevaban el crucifijo bien a la vista sobre el pecho» y que «acogían en su instituto las reuniones de los ferroviarios católicos».

«No eran delincuentes. No habían hecho nada malo. Al contrario, su único deseo era hacer el bien y anunciar a todos el Evangelio de Jesús.»

Cardenal Angelo Amato, homilía de la beatificación, 17 de diciembre de 2011

En Villamor lo dijeron con las palabras del campo. Manuela recordaba que su padre «toda la vida dijo que le mataron por ser fraile, que si no hubiera sido fraile no le hubieran matado». Y su madre y su hermana Elisa decían que murieron mártires, «que fueron sacrificados como Jesucristo».

El cardenal Amato describió también cómo se produjo la detención de toda la comunidad: «todos los religiosos fueron detenidos, sin interrogatorio, sin proceso, sin pruebas, sin posibilidad de defenderse». Y situó la fecha: el odio anticatólico llegó a Pozuelo de Alarcón «a sólo cuatro días del estallido de la guerra civil», ensañándose en el escolasticado de los Oblatos «con una crueldad inaudita». De los ocho de la Casa de Campo dijo que fueron «asesinados en seguida, al día siguiente de la detención», y de la respuesta de todos ellos:

«A los gestos malvados de sus asesinos, ellos respondieron con buenas palabras, rezando y perdonando a sus perseguidores y aceptando con fortaleza la muerte, por amor a Jesucristo. Su comportamiento llenó de luz las tinieblas del mal.»

Cardenal Angelo Amato, homilía de la beatificación

Lo que dice el Martirologio

El Martirologio Romano conmemora el 24 de julio a los ocho de la Casa de Campo, y nombra a Cecilio entre ellos:

«En Pozuelo de Alarcón, Madrid, España, beatos Juan Antonio Pérez Mayo, Francisco Polvorinos Gómez, Manuel Gutiérrez Martín, Cecilio Vega Domínguez, Juan Pedro Cotillo Fernández, Justo González Lorente, Pascual Aláez Medina, […] de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, y Cándido Castán San José, laico, casado, muertos en tiempos de la Guerra Civil por defender el nombre de Cristo

Martirologio Romano, conmemoración del 24 de julio

Este sitio no entra en la interpretación política del conflicto. Se limita al motivo que establece el proceso.